Gracias a la constitución caliza de las Sierras y los terrenos de
Torremolinos, las gotas de lluvia son retenidas hasta tal punto que,
incluso bien alto de algunos cerros, brotan manantiales de agua
purísima.
Este tesoro acuífero llegó a formar en tiempos pasados un gran cauce
que fue aprovechado por los árabes para construir los primeros molinos
de los que se tienen noticias. Tal era su importancia, que una vez
terminada La Reconquista, en 1.497, Los Reyes Católicos otorgaron a la
Ciudad de Málaga el privilegio de nuestras aguas y la propiedad de los
numerosos molinos, aunque en aquellos difíciles tiempos el peligro de
los piratas turcos y moros acechaba continuamente, y a veces, los
molineros abandonaban nuestros molinos, y se iban a moler a los de
Churriana, más alejados de la costa y por tanto, más seguros.
No siendo bastante el peligro de los piratas, en el mes de Julio de
1.704, reinando en España Felipe V, una gran flota de barcos ingleses y
holandeses al mando del Almirante Rooke, apareció en nuestra costa.
Por medio de unos mensajeros solicitó de los Gobernantes de Málaga,
el abastecer sus barcos con víveres y agua de Los Manantiales de
Torremolinos, así como canjear varios prisioneros españoles y franceses
que traían, por otros ingleses, holandeses o portugueses que penaban en
las cárceles malagueñas.
Al negarse las autoridades, y porque además gentes de Mijas,
Benalmádena y Alhaurinejo hirieron y mataron algunos marinos que habían
puesto el pie en la playa, el Almirante Rooke ordenó desembarcar a 2.000
soldados que entraron al saqueo, quemando todas las casas y molinos de
Torremolinos.
Años después se reconstruyó todo nuevamente y así en el “Diccionario
Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus Posesiones de Ultramar”
del año 1849, se nos dice que en Torremolinos había 14 molinos
harineros y un batán de papel de estraza, dedicándose también a la
arriería parte de su vecindario. (200 vecinos y 785 almas componían
aquel núcleo urbano).
Siguiendo el cauce nos encontraríamos con el Molino del Moro y el del
Molinillo, enclavados en lo que llamamos hoy Avenida Sorolla y
cercanías.
El Molino de Manojas conserva aún parte de la fachada, cerca de la
Plaza Costa del Sol, en lo que serían el Bar El Molino, Flores y Bar
Jerez.
En Calle San Miguel, antiguo número 68, faenaba el llamado Molino de Castillo.
El Molino del Malleo se encontraba en la Plaza de la Iglesia (antes de la Cruz), hoy Restaurante El Marqués.
En los aledaños de la Torre de Pimentel estaban los Molinos Alto del
Rosario, el del Rosario, el de La Torre y el Molino de La Bóveda,
algunos de ellos transformados en restaurantes.
Y ya términos del Bajondillo, bajando la cuesta, encontraríamos el
Molino de La Glorieta, el Nuevo, el Molino de La Esperanza, el del Pato,
el del Caracol, el Molino de La Cruz y el del Peligro, llamado así por
su proximidad a la playa y el riesgo contínuo de las mareas altas que a
veces lo inundaban.
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